2012/02/03

Hace unas semanas fuimos a un McDonalds y, como no tenía mucha hambre sólo pedí una hamburguesa y agua.

En ese momento la mujer* tras la caja, comentó que por 10¢ más tenía un menú que, a lo pedido, le añadía patatas. Y además recalcó que me saldría mejor de precio, y que así ahorraba.

Es decir:

Pagar 10¢ más por algo que no había pedido y que no tenía intención inicialmente de consumir es ahorrar, según esta señora.

En ese momento la situación me aturdió de lo absurdo que resultaba, así que decidí hacer un compromiso: pagaré 10¢ más para que la señora no me diera más la brasa.

Cómo había estimado al principio: No me comí las patatas.

En retrospectiva, ahora no se si aquella señora se merecía el puesto de giramburguesas de por vida, o si aquello fue una inteligente y sibilina maniobra de psicología aplicada a ventas y la señora merece que la asciendan.

Espero acordarme de esto y, la próxima vez que me hagan algo parecido, mantenerme firme y no aceptar lo que no quiero.

[*] No era joven.

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