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2008/08/05

Trabajo (el mio no)

Debería fustigarme por hablar de "trabajo" (como digo en el título: en general, no del mio) durante las vacaciones. Me lo apunto para luego.

Hace unos días llegué a este artículo renegando del trabajo femenino. Se puede ver por mi comentario que no me gustó mucho, y uno de los enlaces que puse a otro artículo de 43folders donde se cita un tercer (¿o cuarto?, perdí la cuenta) artículo del Washington Post.

Arf; en los 3 artículos se ven 2 posturas sobre el trabajo que existen desde casi el principio de las civilizaciones actuales: el trabajo es malo Vs. el trabajo es bueno.

Los partidarios de que el trabajo es bueno, afirman que trabajar es lo que hace que el hombre sea persona, o como puso Quino en una de sus tiras de Mafalda: "a un pajaro para realizarse le basta con ser pájaro; a un perro para realizarse le basta con ser perro; pero un hombre para realizarse debe ser médico, zapatero, alfarero, profesor, enfermera, etc..." (bueno, más o menos, que me perdone Quino). La base argumental de esta postura es el libre albedrío que se supone que tenemos los humanos, que no tienen los animales, y gracias al cual podemos elegir a qué tarea queremos dedicar nuestras vidas y qué propósito van a tener, entonces eso sería nuestro trabajo.

Por otro lado, los partidarios de que el trabajo es malo se basan en la existencia de trabajos que nadie quiere hacer, y que en otras épocas era realizado por esclavos. Efectivamente por ese libre albedrío antes mencionado, una vez que todo el mundo ha escogido las tareas que van a darle sentido a su vida resulta que siempre quedan unas cuantas cosillas que hay que hacer por que son necesarias pero que aparentemente nadie va a sentirse realizado con ellas. Algún economista diría que son trabajos marginales (y no es por que los hagan los marginados, o por que se margine a quien los hace, sino por que es el mismo comportamiento que se describe en uno de los libros que parece que los economistas toman como base --lo explica mejor Tim Hardford en su "El economista camuflado").

Resumiendo: hay unos trabajos que a la gente les gusta hacer, pero también hay otros trabajos que hay que hacer pero nadie quiere hacerlos. Antiguamente (más de 3000 años) teníamos esclavos para esos trabajos, ¿qué hacemos ahora?.

Alguien (posiblemente otro economista) diría que hora ofrecemos dinero, pero entonces a mi me parece que algo no cuadra, ¿no ofrecemos dinero también por los trabajos que sí quieren hacerse?, ¿no debería entonces pagarse más esos trabajos que nadie quiere hacer?. ¡Oh!, que casi todos esos trabajos están en los sectores básicos, y si aumentamos los salarios ahí subirán los precios en el resto de sectores. Ah amigo, amigo, amigo.

Y otra posibilidad sería usar maquinaria ya que esos trabajos normalmente son monótonos, repetitivos y se realizan en un ambiente más o menos hostil. Pero desde 1789 hasta 2008 llevamos ¿cuanto? 219 años (afortunadamente ya quedan pocos ludistas :) ) aumentando la cantidad de maquinas y automatización en casi todos los sectores y a pesar de eso parece que aún quedan trabajos marginales realizados por personas ya sea por que no pueden ser automatizados, o por algún otro motivo.

2008/03/01

Rompiendo la baraja de la información

El juego del ultimátum

Leo en Ecos del futuro sobre el juego del ultimátum:

Se tienen 2 sujetos separados. A uno de ellos se le muestra una cantidad de dinero, y se le pide que haga 2 pedazos. El segundo tiene que decidir si acepta la división o si la rechaza. Si el 2º acepta ambos se quedan con sus respectivas partes, si la rechaza no hay dinero para ninguno.

El resultado es que cuando la división no era descaradamente desproporcionada (algo más pareja que el 80-20) el 2º sujeto aceptaba, pero cuando la división era muy desproporcionada (80-20 o más), el 2º sujeto rechazaba el trato.

Pensado fríamente, ¿no debería el 2º aceptar siempre?, ¿acaso no es mejor tener 20 que tener 0?.

Infoxicación: Sobredosis de información

Luego en el artículo Cortina de humo de Capire.info, Luiz Agner nos recuerda que de toda la información disponible, apenas somos capaces de alcanzar, asimilar, y utilizar una pequeña parte.

Cito directamente el artículo:

Una edición dominical de O Globo o O Estado de Sao Paulo contiene normalmente más información de lo que el común de los mortales podría recibir durante toda su vida en la Edad Media. Los medios de comunicación de masa y la Internet expelen volúmenes cada vez mayores, de datos y de noticias a velocidades impresionantes: Somos masacrados por información, en cantidades imposibles de ser procesadas. Encontrar lo que es pertinente o necesario, en este contexto, pasó a ser una tarea ardua para los ciudadanos comunes.

Si en el pasado, se acostumbraba a pasar la información por las manos de bibliotecarios, periodistas, educadores o fuentes con reconocida credibilidad, actualmente, gran parte de ella es imprecisa y de dudosa calidad. En los medios de comunicación masivos, por ejemplo, se mezcla la cantidad con la baja calidad, sin provecho concreto para el ciudadano en términos de conocimiento construido, y cuanto más intentamos acompañar esta carrera, más somos vulnerables a los errores de la percepción.

La crisis contemporánea es justamente la de cómo transformar la información disponible en conocimiento. Más información debiera representar más oportunidades para aumentar nuestra comprensión del mundo, pero esto no ocurre en la práctica. La explosión de información funciona como una cortina de humo. Surge un síndrome emocional y mental que lleva a las personas a conclusiones erróneas y a decisiones ingenuas, causando ineficiencia y perjuicios financieros para las organizaciones-problema típico de los trabajadores del conocimiento. En términos de salud individual, los efectos del exceso de información pasan por estrés, tensión, trastornos del sueño, problemas digestivos, dificultades de memoria, irritabilidad y sentimiento de abandono.

Idiocracia

Y acabo mezclando estas dos ideas con la recientemente vista película "Idiocracia". Una distopía donde los ininteligentes han tenido más éxito evolutivo que los inteligentes, ya que las sociedades actuales están basadas principalmente en la defensa del débil o del menos capaz frente al hecho evolutivo que no es que premie al fuerte, sino que más bien reduce las posibilidades del menos capaz.

El camino mental sería el siguiente:

Si de toda la información que se genera en la red (o fuera de ella) apenas somos capaces de procesar/asimilar/aprovechar menos del 20%... ¿no habría gente rompiendo la baraja como en el juego del ultimátum?, ¿no daría esto lugar a gente que se desentiende del conocimiento por que no puede abarcarlo todo, y decide mantenerse ignorante?. Que miedo da el futuro, ¿eh? ó_ò